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La Dinastía Herrera-Lacalle
Origen y Patriarca: Luis Pedro Herrera consolidó la presencia en Durazno comprando tierras vírgenes a la inmensa Estancia San Jorge (de los ingleses Fair).
Línea Sucesoria y Transmisión del Apellido:
- Luis Alberto de Herrera (1873-1959): El caudillo. Esposa: María Julia Acevedo Quevedo.
- María Hortensia Herrera de Lacalle (hija única): Al casarse con Carlos Lacalle, la estirpe Herrera pasó a ser una rama materna.
- Generación actual: Luis Alberto Lacalle Herrera (expresidente) y Luis Lacalle Pou (expresidente).
- Territorio y Estancias (Durazno): Estancia principal: "La Clara" (en honor a Clara Quevedo, madre de Luis Alberto de Herrera). Ubicada en la zona de influencia de San Jorge (5ª y 10ª secciones). Otra propiedad vinculada: "El Estribo".
Un siglo combatiendo al peón
La historia de esta familia demuestra cómo el poder latifundista se hereda y se defiende desde las bancas del Parlamento. El epicentro de este poder histórico es la Estancia "La Clara", ubicada en la zona de San Jorge (Durazno), la misma jurisdicción policial donde la ley laboral de 1915 moría en la portera.
El linaje de la oposición a los derechos del trabajador rural tiene una continuidad asombrosa:
- 1915 (El Bisabuelo): Siendo dueño absoluto de "La Clara" y "La Casa Quinta Mdeo." Descanso , Luis Alberto de Herrera lideró la resistencia feroz contra la Ley de 8 horas.
Desde el Parlamento, argumentaba que la ley era una "tiranía reglamentaria" que destruiría la relación "paternal" entre patrón y peón, advirtiendo que traería "anarquía" al campo.
Mientras daba estos discursos, los peones que reclamaban derechos en su jurisdicción eran silenciados tanto que nunca más lo podrían volver a hacer.
- La Transición: La estirpe Herrera pasó a ser una rama materna (Lacalle Herrera), pero el peso del apellido y la ideología patronal se mantuvieron intactos a través de las generaciones.
- 2008 (El Bisnieto): Casi un siglo después, durante el debate por la Ley de 8 Horas para el trabajador rural, Luis Lacalle Pou (entonces diputado) y su sector votaron EN CONTRA.
Sus argumentos fueron un eco exacto de los de su bisabuelo en 1915: afirmó que la ley era "inaplicable" debido a la "naturaleza del trabajo rural" y advirtió que generaría una "industria del juicio" contra las estancias.
Durante 100 años cambiaron los nombres, pero el objetivo desde "La Clara" hasta el Palacio Legislativo siempre fue el mismo: que el reloj y los derechos del trabajador nunca crucen el alambrado.

